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Recomendaciones ante la alergia

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Fecha de publicación: 6/05/2016

¿Qué es la alergia?

La alergia es una reacción del sistema inmunitario del paciente que identifica como nocivas determinadas sustancias inocuas. Algunos ejemplos pueden ser los pólenes de determinadas plantas o los ácaros del polvo doméstico, habitualmente toleradas por la mayoría de las personas. 

 

¿Cuáles son las enfermedades alérgicas más frecuentes?

Cuando hablamos de alergia nos referimos a un amplio abanico de enfermedades con distintas manifestaciones en función del órgano o sistema afectado. 

Sin duda, la enfermedad causada por alergia a pólenes es la más frecuente. Todo paciente alérgico a pólenes debe conocer a cuales es alérgico, así como las fechas en las que su concentración atmosférica alncaza niveles significativos. 

El tipo de polen que más afecta a los pacientes alérgicos es el de gramíneas, con un 80%, seguido del polen de olivo (60%), cipreses y salsola (50%) y plátano de sombra (16%). 

 

¿En qué épocas del año afectan los pólenes?

Las arizónicas y cipreses ocasionan molestias desde el mes de diciembre hasta abril, especialmente durante febrero y marzo. 

El plátano de sombra poliniza en la segunda quincena de marzo y la primera de abril. Las gramíneas desde finales de abril y hasta finales de junio. 

El olivo afecta en mayo y primera quincena de junio. 

La salsola y el cenizo ocasionan síntomas entre los meses de junio y octubre. 

 

¿Cuáles son los síntomas?

La reacción alérgica al polen puede afectar a diferentes órganos. Cuando afecta a la nariz provoca estornudos, picor, congestión, secreción y obsturcción nasal. 

Es frecuente que se afecten otros tejidos, provocando inflamación en los ojos, picor de paladar, de gargante y de oídos. 

Si la inflamación afecta a los pulmones se produce tos, dificultad para respirar, sensación de opresión torácica y pitidos. Pueden presentar agudizaciones bruscas y recortadas sólo durante periodos muy específicos del año y permanecer con síntomas leves o sin ellos en otras épocas. 

 

¿Cómo se diagnostica?

El diagnóstico se realizará mediante pruebas cutáneas y su indicación dependerá, entre otros datos, del tipo de enfermedad que se estudia y de la sospecha del agente causal implicado (alérgeno). Por este motivo, antes de realizar cualquier prueba cutánea será necesario conocer la situación del paciente. El alergólogo realizará un examen físico y una serie de preguntas acerca de los síntomas que presente el paciente, antes de emitir un diagnóstico clínico que indique la confirmación de la sensibilización como causa de la enfermedad. 

Las pruebas cutáneas de mayor utilidad alergológica son tres: prick, test, prueba intradérmica y prueba epicutánea. 

 

¿Cuáles son los tratamientos?

El tratamiento alergológico por excelencia es la inmunoterapia con extractos alergénicos, comúnmente conocida como "vacuna de alergia". 

La inmunoterapia es el único tratamiento específico capaz de modificar el curso natural de la enfermedad, consiguiendo que ésta mejore o desaparezca. Consiste en la administración de concentraciones progresivamente crecientes de un alérgeno, hasta alcanzar una dosis máxima preestablecida, que se puede mantener durante un periodo aproximado de 3 a 5 años. Actualmente las pautas de dosificación difieren según la indicación, el tipo de extracto y la vía de administración. 

En general, la inmunoterapia está indicada en caso de alergia respiratoria (pólenes, ácaros, hongos y derivados epdérmicos) e hipersensibilidad a venenos de himenópteros (abejas y avispas). 

La administración de la inmunoterapia puede realizarse por víca subcutánea o bien sublingual, que no precisa de inyección para su administración. Entre ambos casos se diferencian dos fases: iniciación y mantenimiento. La fase de iniciación corresponde al periodo en que la dosis aumentan progresivamente, mientras que la fase de mantenimiento o continuación corresponde a la dosis máxima alcanzada, que se administra a intervalos regulares. 

Aemás de la inmunoterpia existen tratamientos sintomáticos que van a aliviar los síntomas producidos por la alergia, pero no son curativos como la inmunoterapia. 

En el caso de síntomas en los ojos, se pueden administrar colirios para minimizar las molestias. 

Si el problema afecta a la nariz, existen antihistamínicos orales o tópicos, además de sprays nasales con corticoides para casos más intensos. 

Cuando afecta a los bronquios, se puden utilizar broncodilatadores inhalados en las crisis, siendo preciso utilizar en algunos casos corticoides inhalados como tratamiento de mantenimiento. 

 

Debemos evitar...


  • El paciente alérgico deberá evitar la estancia prolongada y la actividad física innecesaria en parques, jardines y zonas de arbolado, intentando permanecer el mayor tiempo posible en interiores limpios, sobre todo cuando haya mucho viento.
  • Mantener habitualmente las ventanas de su dormitorio ceradas, excepto en el momento de ventilarlo. Es recomendable ventilar la habitación al atardecer y realizar pulverizaciones de agua antes de acostarse.
  • Si viaja en automóvil mantenga las ventanillas cerradas para evitar el impacto del aire sobre la cara. Los filtros que incorpora el sistema de aire acondicionado pueden ayudar a impedir que el polen penetre en el habitáculo.

 

 

 

 


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